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Entradas

¿Hasta Cuándo?

Me encanta caminar. Tomar los audífonos y entrar en otra dimensión. Cantando por el mundo como si nadie pudiera escucharme, incluso haciendo uno que otro baile de vez en cuando... es mi mundo. Voy flotando como si estuviera dentro de una nube, no importa lo que se encuentra alrededor, no importa quién mira o quién escucha… No importa nada O, al menos, eso es lo que me gusta creer. Porque, de pronto, alguien explota mi burbuja y me hace caer. Escucho la voz de un hombre, mirando hacia mí, mientras grita “mi amor”... Trato de ignorarlo y volver al mundo que disfrutaba tanto, ese en el cual solamente nos encontrábamos la música y yo. Continúo caminando. Escuchando. Un tanto menos ensimismada. Vuelvo a disfrutar de la música, ya no tan absorta; pero logro hacerlo. Doy unos cuantos pasos más… Y escucho el claxon de un automóvil; me resisto a mirar, no quiero hacerlo, pero pasa a mi lado y me encuentro con tres hombres mirándome, como si de un plato de...

Sueños en vida

Fuerte. Muy fuerte. Sentimientos gigantescos me aplastan. No, qué error tan fatal, ¿cómo puedo decir que estos sentimientos me aplastan? Si hacen justamente todo lo contrario, me empujan, me levantan. Me avientan hacia arriba y me hacen volar tan alto que ni siquiera logro articular palabras para expresarme. Puedo contar cómo se manifiestan, se hacen evidentes en mis manos moviéndose incontroladamente de aquí para allá, en mis pies haciéndome caminar en círculos, en mis ojos mirando al cielo, entre mis labios arrojando una sonrisa. A veces soñamos. Pero soñamos en vida. Imaginamos, deseamos tanto que, encontramos la manera de hacer que aquello se convierta en realidad. Y cuando se vislumbra una pizca del sueño en la vida… Entonces tu corazón se agita, late rápidamente; tus pulmones absorben tanto aire, que puedes gritar o cantar; y tus pies comienzan a hacerte bailar. Sueñas. Vives. Eres realidad.      Escrito por: Cecilia Abreu ...

Sin palabras

Olvidé cómo escribir En ocasiones me abruman tantos sentimientos, tantas emociones que no hallo la manera de descifrarlos y convertirlos en palabras... o el momento para hacerlos explotar; podría escribir cualquier cosa… En cualquier momento, algo que se acerque a mi sentir, pero no es igual… Si no logro hacerte estallar, si no consigo que estemos juntos si no alcanzas a sentir lo que me invade. Otras veces me quedo seca, entre la monotonía entre días que pasan volando me quedo sin recuerdos, sin tristezas, sin rabias, ni locuras Hay paz Mucha paz Es extraordinaria Hermosa Me llena de libertad y me encanta… Pero no me deja escribir. Escrito por: Cecilia Abreu

Robot de rutina

Recuerdo que, desde muy pequeña, mi abuelita me repetía una y otra vez que era “necesario” que tuviera una rutina; sin importar cuántas veces le dijera que no me gustaba, sin importar cuánto me molestara escuchar sus palabras repetitivas todo el tiempo, me aseguraba que eso era lo correcto y que yo me encontraba equivocada. Y bueno, es cierto, quizás las rutinas puedan ser positivas en un sentido estricto; sin embargo, sin importar cuántas veces lo medite, yo siempre llego a la misma conclusión… No se trata de que me gusten o no, me sienta cómoda en ellas o no, la verdad es que llega un punto en el cual verdaderamente me aburren, siento que provocan llegar a un punto tal de confort que ni siquiera necesitas pensar, prácticamente te pierdes de vivir, te conviertes en un zombie más. No existe la emoción por el paso que vendrá, simplemente lo conoces, no lo piensas y ya lo has dado. Yo creo que pasamos por esta vida tan solo un ratito y es necesario pringarla de muchos sabores, millones;...

Encierro

Entre 12 miradas, cuatro paredes cubiertas de blanco. Todo parece detenerse. Ojos quietos, almas sin vida. En el interior todo se percibe lento... Pero afuera, el mundo corre, va deprisa y no se detiene ni por un instante. Por mucho que intentas alcanzarlo, continúa a gran velocidad. Acelera. No puedes retenerlo. Continúas intentándolo Corres. Das pasos grandes, veloces. Es imposible. Pero al menos consigues detenerlo por un momento... entre una y otra palabra. Escrito por: Cecilia Abreu

Locos

Y que nos juzguen de locos. Sí. Sí. Sí. Que te juzguen de loco porque vas caminando por la calle brincando como caperucita en busca de su abuelita mientras miras el cielo verde y las hojas azules y tus ojos sonríen mientras tus oídos gritan. Que te abucheen por loco mientras observas las nubes cafés y das saltos de euforia en la tierra blanca. Escucha cómo te juzgan de loco a causa de tu baile impetuoso por el jardín que provoca a tus huesos escapar. Disfruta que te señalen de loco porque vas observando alrededor de ti, te encuentras con pájaros corriendo y venados volando por el cielo. Presta atención cuando te tachen de loco por andar sonriendo adonde quiera que vayas, dándole buenos deseos a quien quiera que te encuentres porque has visto narices latiendo y corazones respirando. Que te nombren como quieran loco, chiflado, demente... Y nunca descubran que, en realidad, tú eres osado, valiente... Un verdadero apasionado por la vida. Escrito por: Cecilia A...

Detente

Hasta que no arda todo dentro de tu ser, hasta que no haya una explosión en tu interior... Hasta que no adviertas que es algo incontrolable, algo espléndido estallando en tus aurículas y ventrículos. Hasta que no sientas que se te rompe el pecho, por el latido tan fuerte con mirar su rostro… Hasta que no incendie desde lo más recóndito que hay en ti. Hasta que no conozcas la noche, la oscuridad que habita en su espíritu; hasta que tu día no ilumine a su noche y su día no ilumine a tu noche… Hasta que no sea suficiente para tirarte, para decir que sí; sin ningún miedo, sin dudar, sin ver atrás… Hasta entonces… Permanece ahí sentado. Escrito por: Cecilia Abreu